Estas inevitables ganas de salir corriendo y huir de los problemas, huir...
Y saber que lo que creo que va a suceder, suceda, y cuando sucede aquello que he previsto no queriendo que fuera así, me quedo paralizada, y en lugar de palabras salen lágrimas de mis ojos, y trato de que cese y no puedo.
Y aparentemente mi fortaleza se desvanece, pero no es por rendición por lo que lloro, lloro de impotencia.
Y trato de convencerme de que no ha pasado nada, pero es otra gota más que cae en el vaso. Y vuelta a empezar, pero el vaso sigue llenándose, y en el fondo la culpa es mía de no decir basta.
Ese es el gran problema, que hay muchas ocasiones en las que no se decir que NO, aunque quiera decirlo y gritar lo más alto que pueda que ¡NO!
Entonces la pregunta que sigue es: ¿a qué le tienes miedo?, sinceramente no lo se, y he tratado de contestarme, pero no encuentro la respuesta. Quizá la respuesta venga de golpe cuando se colme el vaso.
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