martes, 14 de agosto de 2012

La herida

Un día, de repente te das cuenta que una herida que pensabas que estaba curada porque habías dejado de tocarla, de mirarla... sigue igual de abierta y sin venir a cuento hundes los dedos en ella y con eso recuperas ese asfixiante nudo en la garganta y el estómago que había desaparecido haciéndote olvidar.

Es entonces cuando te das cuenta de que el miedo y el dolor no son producidos por la herida en sí, si no por el sentimiento que ella conlleva y el hecho de que siga abierta.

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