Un día, de repente te das cuenta que una herida que pensabas que estaba curada porque habías dejado de tocarla, de mirarla... sigue igual de abierta y sin venir a cuento hundes los dedos en ella y con eso recuperas ese asfixiante nudo en la garganta y el estómago que había desaparecido haciéndote olvidar.
Es entonces cuando te das cuenta de que el miedo y el dolor no son producidos por la herida en sí, si no por el sentimiento que ella conlleva y el hecho de que siga abierta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario