miércoles, 10 de junio de 2015

Las preguntas que no se hacen por miedo a sus prespuestas

Hacía una tarde medio lluviosa, y él había decidido ir a verla, hacía tiempo que no la veía, era su amiga pero estaba enamorado; por su brillo, no por el brillo de su pelo o sus ojos, si no como las cosas que brillan en la oscuridad. Ella tenía cosas que hacer y él siempre había querido formar parte de su vida pero nunca sabía cómo, así es que se armó de valor por ésta vez y le preguntó: - ¿te recojo y te llevo?- con un entusiasmo que a él mismo le sorprendió,.
- No, déjalo, ya me acerco yo, que me he comprado una motocicleta.- le respondió.
- ¿Qué te has comprado una moto, tú? pero si a ti nunca te ha gustado conducir.- se quedó blanco ante la respuesta. Y en realidad tenía razón, no le gustaba nada conducir pero podía más el hecho de ser independiente que el miedo a la carretera.

Si él hiciera lo mismo por ella, si dejara a un lado sus miedos y se lanzara a su carretera... 

Si se arriesgara a recibir un no como respuesta, quizás recibiría un sí. En ocasiones por no intentar las cosas y por fallar, dejamos de intentarlo, nos negamos las oportunidades a nosotros mismos sin ni siquiera haber empezado.
Y nos sentamos a esperar, a esperar que las cosas suceden y que las oportunidades surjan solas, las cosas hay que salir a buscarlas, por que ya el hecho de no intentarlas es fracasar.
Y es entonces cuando fracasamos por el hecho de no intentarlo, cuando tenemos todas las puertas abiertas, cuando probablemente con un poco de esfuerzo luego vayan a ser todas las respuestas certeras.

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