Se aguardarían en silencio...
Como quien espera un regalo, con ilusión y con franqueza.
Ella se miró al espejo, porque supo que era él desde el primer momento.
Le brillaban los ojos y le tiritaba el alma.
Que caprichoso el destino ¿verdad?
Y esa sonrisa que se dibujaba sola en su cara, exultante; le pertenecía más a él que a ella, era el mejor complemento que se puede llevar.
Le gustaba pensar que él también la pensaba así.
A pesar de la distancia, porque quien te regala una sonrisa borrando todo lo malo, te regala el tesoro más preciado.
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